miércoles, 19 de julio de 2017

LA ENERGÍA PERDIDA EN LOS EDIFICIOS Y SUS COLORES


Hace unas semanas estuve dando la conferencia inaugural en un simposio en Galicia. Me pidieron que versara sobre eficiencia energética, ¡que novedad! Solo de pensarlo ya me aburría, pero lo que es peor, pensaba que los asistentes también se aburrirían escuchando otra vez una disertación sobre ese tema. Me pareció más sano pensar en un nuevo enfoque que me ilusionara, pero también que mantuviera la atención de los asistentes, e incluso que creara cierta polémica.

En eso estaba, pensando, cuando recordé una conversación que había mantenido con un compañero arquitecto, un par de meses antes en Cádiz. No era sobre arquitectura, ni sobre energía, sino sobre literatura. Estábamos intercambiando nuestros gustos literarios cuando me señaló que estaba releyendo a Proust. Me sorprendió y le dije, “vaya otra persona que lo lee”. Ahí quedó la conversación pero pensando en ella recordé la magna obra de Marcel Proust, “En busca del tiempo perdido”, y eso me dio la idea sobre la que podía girar mi charla. No sobre el tiempo perdido, pero sí sobre la energía perdida.

¿Por qué la energía perdida? Pues porque si hiciéramos cálculos sobre la energía vinculada a la edificación no nos saldrían las cuentas. Faltaría una gran cantidad.

Como tenía tiempo para prepararlo me dediqué a buscar esa energía perdida y a mostrarla tan importante como otras. Lógicamente me tenía que hacer varias preguntas: ¿cuánta energía se vincula al edificio?, ¿en qué conceptos?, ¿se puede medir con facilidad? y, por supuesto, ¿se puede reducir?

Lo primero que hice fue organizar los tipos de energía que consideraba que están vinculados al edificio. Los organicé en tres categorías: energía fácil de encontrar, energía sin aparente responsabilidad y la famosa energía perdida.

La energía fácil de encontrar es aquella que se ve, porque se mide sistemáticamente y es la que las compañías energéticas nos cobran con sus recibos. Es la energía para el acondicionamiento, calor, frío y ventilación, la energía para el agua caliente sanitaria y la energía para los servicios eléctricos, electrodomésticos y equipos de trabajo y ocio. Sabemos lo que gastamos porque pagamos a la compañía eléctrica o a la de gas las correspondientes facturas.

La segunda categoría es la de la energía sin aparente responsabilidad, es decir aquella que consideramos que no tiene nada que ver el edificio y que no es responsabilidad de los diseñadores de edificios y ciudades, ni de los ediles y alcaldes que aprueban ordenanzas. Es la energía del transporte. No es lo mismo vivir cerca de una boca de metro, de modo que se pueda utilizar el transporte público para los desplazamientos, que vivir en una urbanización a varios kilómetros del trabajo, del entretenimiento, de los colegios o de las compras diarias básicas. Esa vivienda está penalizada por el consumo de combustible y cada día que usamos el coche vamos echando una monedita de energía consumida a un gran pozo. ¿De quién es la culpa? De mucha gente, incluido el ingenuo comprador que creía comprar una vivienda con una calificación energética A, y que por eso era un ciudadano responsable. Pero también del promotor y, sobre todo, de los políticos que no organizan una estructura urbana y de transportes racional. Independientemente de quién es el culpable, ahora no se trata de hablar de ello, lo que quiero mostrar es que el consumo de combustibles en el transporte desde o hacia nuestra casa es tan importante como el gesto de encender la luz.

Y por último las energías perdidas, aquellas que aparentan otra cosa, que tienen un aspecto no energético, pero que son también energías del edificio. Son la energía del agua potable que consumimos a diario, la energía de los materiales de construcción que configuran nuestro edificio, llamada energía gris, la energía del tratamiento de los residuos diarios e, incluso, la energía de los alimentos consumidos en el edificio.

Aprovechando que a la energía embebida en los materiales de construcción se la llama energía gris, decidí dar color a todas las energías. A la del acondicionamiento la llamé energía púrpura, por unir el rojo del calor y el azul del frío. A la del agua caliente sanitaria la llamé energía roja por el calor. A la electricidad necesaria, energía blanca, porque no se ve. A la energía del transporte negra, por los combustibles fósiles. Y a las perdidas, a la del agua lógicamente energía azul, a la de los residuos energía marrón por su color evidente y a la de los alimentos verde por las hortalizas y verduras. Todas estaban coloreadas.

¿De qué se trataba hora? Se trataba de comprobar cuál era su importancia relativa y global, porque tal vez fuera poca, y analizar nuestra capacidad para reducirlas, para hacer realmente eficiente al edificio. El auténtico edificio de energía cero.

Decidí partir de la energía del acondicionamiento, la que yo llamo energía púrpura, porque es de la que se preocupan las normativas y la que, si resolvemos razonablemente, creemos que hemos alcanzado la excelencia energética. Y la verdad es que somos capaces de resolverla bastante bien. Pensando sólo en ella hablamos del edificio de energía cero o de energía casi cero.

Tenemos conocimientos suficientes y hay sistemas, técnicas y materiales adecuados como para alcanzar un resultado óptimo, casi de cero-energía púrpura. Hay que trabajar bien la envolvente aportando suficiente aislamiento térmico y eliminando los puentes térmicos. Otros sistemas protectores que podremos añadir a las envolventes serán los que las convierten en fachadas y cubiertas correctamente ventiladas o con elementos vegetales para eliminar la carga de radiación solar.  Como la ventilación supone la pérdida de una gran cantidad de energía, deberemos usar recuperadores de calor. También podremos incluir la infinidad de sistemas pasivos que nos aporta la arquitectura bioclimática para complementar las necesidades energéticas. Finalmente podremos modificar el microclima con estrategias de diseño urbano que lo haga más amigable, como si hubiéramos trasladado el edificio a un clima paradisíaco. Es decir, podemos suponer que la energía púrpura está controlada.



Para tomar datos de energía púrpura y compararlos con las otras energías, partí de las exigencias mínimas del estándar alemán Passivhause, que exige un máximo de 15 kWh/m2·año (calefacción) +15 kWh/m2·año (refrigeración) = 30 kWh/m2·año. Una vivienda de 200 m2 demandaría al año como máximo 6 000 kWh (21 600 MJ). Se trataría de un edificio muy eficiente en este tipo de energía. En algunos climas, como los mediterráneos, podríamos reducir esa cifra notablemente llevándola casi al cero. Pero voy a mantener esa cifra máxima como la referencia que usaré para compararla con las otras energías.

La primera comparación la haré con otra medible, la energía roja del agua caliente sanitaria.

La energía necesaria por persona y año para calentar a una temperatura de unos 40 ºC los 60 litros diarios que gastamos habitualmente, es de aproximadamente de 648 MJ/año. En la vivienda de 200 m2 ocupada por 4 personas representa 2 592 MJ/año. Esa cantidad es sólo el 12% de la energía púrpura de un acondicionamiento eficiente, no mucho por tanto. Un sencillo sistema de colectores solares puede cubrir entre el 40 y el 70%. Es decir, restarían aún por suministrar entre 777 y 1 555 MJ/año (216…432 kWh/año). Eso sólo equivaldría a un 3…7% del acondicionamiento. Está energía está controlada.




La energía blanca para los servicios eléctricos es otro cantar. Una vivienda española consume en electricidad lo siguiente:

·        Electrodomésticos: 26…30 kWh/m2·año
·        Cocina: 9…16 kWh/m2·año
·        Alumbrado: 5…6 kWh/m2·año
·        Total: 40…52 kWh/m2·año



Los rangos corresponden a las distintas regiones españolas o a que sean viviendas colectivas o unifamiliares. Nuestra vivienda de 200 m2 consume al año entre 8 000 y 10 400 kWh. ¡Un 50% más que lo necesario para el acondicionamiento! ¿Cómo vamos a ser energéticamente eficientes si no la tenemos en cuenta?

¿Qué alternativas tenemos para controlarla? Los consumos de electricidad para el alumbrado son pequeños en comparación con el resto, pero se pueden reducir con un diseño del edificio que fomente el aprovechamiento de la luz natural; con un Factor de Iluminación Natural (FIN) entre el 2 y el 10% se puede reducir este consumo a la mitad. Los demás consumos se pueden reducir algo empleando equipos eficientes, pero al final siempre quedará un gran resto. No hay más remedio que producir energía eléctrica en el edificio para cubrir esa demanda, lo que en sí mismo no es un problema. Podemos incluir sistemas fotovoltaicos como la opción más sencilla, pero también micro eólicos o cogeneración; es sólo una cuestión de presupuesto, pero podría estar controlada con recursos totalmente renovables.


 

Veamos ahora qué pasa con la energía negra del transporte. Una vivienda donde haya 2 coches que hagan cada día 20 km cada uno consume al año 45 300 MJ en gasolina. Esas distancias no son tan disparatadas. Cualquier persona que viva en una gran ciudad o en las afueras de cualquier urbe puede hacer tranquilamente esos recorridos en un día. Esa cantidad de energía es ¡más del doble! de la necesaria para el acondicionamiento del edificio. Es decir, hacemos grandes esfuerzos para gastar poco en el acondicionamiento pero luego gastamos el doble en el transporte; algo está fallando.

¿Cuáles son las alternativas? Un coche eléctrico que se puede cargar con la propia energía eléctrica blanca producida en el edificio es una solución. O el uso de la bicicleta, siempre que sea posible. A esto lo llamamos desplazamiento activo, que no sólo ahorrará energía al edificio sino que reducirá en un 52% el riesgo de morir de enfermedades cardiacas y en un 40% el riesgo de morir de cáncer. Para poder usar la bicicleta se precisa de una ciudad segura para circular y de espacios adecuados en el edificio para aparcarla, como si de un coche se tratara. Pero también se necesita un uso responsable de la bicicleta, porque hoy en día te encuentras circulando por la ciudad ciclistas sin ningún respecto para los peatones, para los otros vehículos o para ellos mismos.

La reducción de la energía negra, por supuesto, también dependerá de una buena red de transporte público de corta distancia, metro, autobús o tranvía, o de media distancia, trenes de cercanías. Eso forma parte de la infraestructura de que disponga la ciudad, pero también de la habilidad del promotor para elegir la ubicación de su promoción cerca de estos transportes, porque le dé importancia y piense que los compradores también se la darán. ¿Una entelequia?, tal vez, pero tal vez no.



Veamos ahora las energías perdidas empezando por la energía gris embebida en los materiales. Este es un concepto que ya se tiene en cuenta hace tiempo, pero que aún no se valora ni se pone en contexto adecuadamente. La extracción, manufacturación, transporte y eliminación de los materiales de construcción representa un impacto ambiental elevado, no sólo por el consumo energético. Para tener una idea, la energía embebida en la fabricación, sólo fabricación, de algunos materiales sería la siguiente:

·        Hormigón: 0,5 MJ/kg (1 200 MJ/m3)
·        Aluminio: 5 416 MJ/kg (14 623 200 MJ/m3)
·        Ladrillo macizo: 2,3 MJ/kg (4 922 MJ/m3)
·        EPS: 117 MJ/kg (2 691 MJ/m3)
·        Acero: 35 MJ/kg (273 000 MJ/m3)



Es evidente que no todos los materiales incorporan la misma energía gris embebida. Como se ve el aluminio virgen sobresale por encima de todos. Tampoco hay que engañarse en el sentido contrario, viendo el dato del hormigón, porque la elaboración del cemento necesario para el hormigón provoca nada menos que el 5% de toda la producción de CO2 mundial, el causante del cambio climático. Evidentemente ése es otro discurso, éste es sólo el de la energía.

Un metro cuadrado de fachada convencional puede llevar embebida la siguiente cantidad de energía:

·        12 cm de un ladrillo perforado: 590 MJ/m2
·        10 cm  de poliestireno expandido: 311 MJ/m2
·        9 cm de un ladrillo hueco: 192 MJ/m2
·        2 cm de yeso: 41 MJ/m2
·        Total:  1,13 GJ/m2 de pared



¿y una ventana de aluminio?:

·        Carpintería de aluminio: 135,40 GJ cada ventana  de 1,2x1,2 m
·        Vidrios dobles: 10,50 GJ para cada ventana de 1,2x1,2 m
·        Total: 145,90 GJ



Añadiendo el resto de elementos constructivos necesarios en una vivienda y haciendo unos números gordos, la vivienda de 200 m2 que estoy valorando supondría:

·        Ventanas (10 unidades): 1 459 GJ
·        Muros exteriores: 173 GJ
·        Forjados: 431 GJ
·        Resto 200 GJ
·        Total: 2 263 GJ (11 315 MJ/m2)



Esa cantidad es 104 veces el consumo de energía para acondicionamiento que estoy utilizando como referencia. Es decir, antes de empezar a gastar calefacción o refrigeración, ya tenemos llena una hucha del consumo equivalente a lo que consumiremos durante los 104 años siguientes. Dos veces la vida útil de edificio, una auténtica barbaridad.

Hay un estudio más preciso realizado sobre un edificio de Hernani, Guipúzcoa, el Orona Zero, que tiene una calificación energética A obtenida con el CALENER GT, la máxima. A pesar de ello su consuno energético para el acondicionamiento es de 4 336 GJ. La energía gris embebida en sus materiales, esta vez calculada con gran precisión, es de 494 990 GJ; es decir, hacen falta 114 años de uso para alcanzar la energía de los materiales. Un nuevo ejemplo de la importancia de esta energía con la que se empieza gastar antes de empezar ahorrar.

¿Cuáles son las alternativas para reducir la energía gris? Utilizar los materiales que tengan la menor energía embebida posible, utilizar materiales que cuando finalice la vida del edificio se puedan reciclar y, por tanto reducir la energía del tratamiento primario, que siempre es mucha, o reutilizar componentes enteros, lo que llevaría a partir de ahora a diseñar con elementos desmontables. Todo ello, como se ve, muy a largo plazo. Por eso la considero una energía claramente no controlada.



La energía azul, la del agua potable que consumimos, a priori, no parece que vaya a ser muy determinante. Hagamos números.

El consumo medio doméstico de agua en España es de 144 l/persona·día. La familia de 4 miembros en 1 año consume 210 m3.

El gasto energético de la potabilización y distribución del agua es muy variable y puede oscilar entre 0,61 y 9,90 kWh/m3. La familia de 4 miembros necesita que se gaste en el tratamiento de su agua potable entre 128 y 2 079 kWh/año (460…7 484 MJ/año). Comparado con el consumo de acondicionamiento de referencia del Passivhaus, que recuerdo que es de 6 000 kWh (21 600 MJ), puede llegar a suponer una tercera parte. Pues no es tan poco como parecía.

Para intentar reducirlo aún más se deben emplear electrodomésticos eficientes, de los que ya se encargan los fabricantes, son los A++…+. Pero también como responsabilidad del edificio hay que saber diseñarlo para que recoja el agua de lluvia en aljibes y depósitos en la cubierta, en patios o jardines, y luego diseñar las instalaciones para que ese agua puede utilizarse, con un tratamiento muy básico, para el riego, el llenado de la cisterna del inodoro, para la lavadora y para el lavavajillas. Esto ayudará mucho porque se reducirá el consumo de un agua potable que no precisa de ese grado de tratamiento.

Pero también se pueden reutilizar las aguas grises producidas, que son todas menos las del inodoro. Estas aguas también se tratan con equipos sencillos o con fitodepuración utilizando plantas. Es una energía, que con la reducción del consumo, la captación de la lluvia y el tratamiento de aguas grises en el mismo edificio, puede reducir la energía azul notablemente.




La energía marrón es la vinculada a los Residuos Sólidos Urbanos, RSU. No es sólo la empleada en la recogida y tratamiento de las basuras, ya sea en el vertedero o en el reciclado, sino también la usada para la fabricación, elaboración o cultivos de los productos finalmente convertidos en residuos. No es una información fácil de conocer, dada la heterogeneidad de los productos previos y de la complejidad del cóctel de basuras y de sus posibles tratamientos para reciclado o reutilización. Lo que sí sabemos es que una familia de 4 miembros produce al mes unos 180 kg de basura, al año más de 2 190 kg, que también han necesitado de una gran cantidad de energía para su producción y elaboración, y que al menos se debería intentar recuperar. Si se reciclara o convirtiera energía combustionándola se podría recuperar parte de esa energía.

Hay otra formas de reducir ese impacto energético, el reciclado. Por ejemplo, los metales representan el 4% de las basuras domésticas y se reciclan con enorme facilidad; el papel y cartón son el 21% y también se reciclan perfectamente; los plásticos son el 11% y se reciclan mal por la dificultad de determinar de qué tipo de plástico se trata. Los restos en forma de material orgánica son los más abundantes, el 44%, y se puede compostar o transformar en biocombustibles, como el biogás, incluso dentro del mismo edificio con una instalación muy sencilla y segura. El vidrio es el 7%, y se recupera reciclándolo. La madera sólo es el 1%, y se puede quemar con limpieza; y aún queda un 12% de restos incontrolados. Cuanto mejor estén separados los RSU más fácilmente se podrán reciclar o convertir en energía limpia.

Si fuera posible, por tener los residuos perfectamente organizados, la simple incineración de los RSU proporcionaría 1,74…2,55 kWh/kg, que en la familia de 4 miembros supondría 3 810…5 588 kWh/año, casi la misma que era necesaria para el acondicionamiento. De un modo u otro los RSU tienen un potencial energético grande que hay que explotar o controlar.




Y por último, la energía más olvidada, la energía verde que entra en el edificio en forma de alimentos. Si para fabricar un ladrillo, que se coloca una sola vez en el edificio, hace falta energía, para cultivar y transportar alimentos también hace falta energía. Si un ladrillo nos protege y reduce la energía que necesitaremos para acondicionar el edificio, la energía de los alimentos hace funcionar las máquinas que hay dentro, los seres humanos. Es, por tanto, una entrada energética clara. Con los alimentos hay que plantearse un balance básico, la energía que aportan para que funcionemos frente a la energía necesaria para cultivarlos y transportarlos. Si está segunda es mayor que la primera, nunca será rentable, si aportan algo más de lo que necesitaron, el balance positivo permitirá una transformación eficiente en creatividad y actividad.

Hagamos algunos números. Las necesidades alimenticias de un adulto medio son de 8 360…12 540 kJ/diarios. Al año una familia de 4 miembros debe consumir 12 205…18 308  MJ/año para poder realizar todas sus actividades laborales o familiares. La energía que necesita una vivienda para que funcionen sus ocupantes es el equivalente al 70% de lo que necesita esa misma vivienda para acondicionarse. Luego no estamos hablando de una tontería.

Y aquí entran los alimentos. ¿Cuánta energía aporta una pera?, ¿y cuánta se ha gastado en su cultivo: manual, mecánico, agua, abono, etc.?, ¿y en su transporte? ¿Ha merecido la pena?

Una pera de tamaño normal aporta 728 kJ, un melocotón 690 kJ, una manzana 828 kJ, un pimiento verde  163 kJ y una lechuga sólo 100 kJ.

El gasto del cultivo es tremendamente variable. Depende del tamaño y tipo de la explotación, de la necesidad o no de fertilizantes u otros tratamientos, y de la energía del agua. Me voy a quedar sólo con el transporte desde el huerto al edificio.

Para transportar naranjas en furgoneta se necesitan 5,4 MJ/tonelada·km. Si la energía aportada por las naranjas es de 908 MJ/tonelada, más allá de 169 km no resultará rentable. Hay que buscar un medio de transporte más eficiente, un gran camión o el tren, o cultivarlas a poca distancia del punto de consumo.

Para transportar peras en furgoneta se necesitan igualmente 5,4 MJ/tonelada·km. Si la energía aportada por las naranjas es de 1 759 MJ/tonelada, en este caso podríamos traerlas desde 325 km. Pero si decidiéramos consumir peras chilenas, más baratas y, tal vez, más sabrosas, y el transporte es camión+barco+camión, se gastarán 3 804 MJ/tonelada. Más del doble de lo que aportan esas sabrosas peras.

Hago un nuevo cálculo para transportar judías verdes en furgoneta. Se necesitan igualmente 5,4 MJ/tonelada·km. Si la energía aportada por las judías verdes es de 1 280 MJ/tonelada, en este caso podríamos traerlas desde 230 km. Pero si decidiéramos consumir judías verdes marroquíes, y el transporte es camión+barco+camión, se gastarán 2 177 MJ/tonelada. Un 70% más de la energía que aportan esas judías verdes.

El último ejemplo con las lechugas, que aportan muy poca energía pero que son enormemente saludables. La energía aportada por una lechuga es de 100 kJ, aproximadamente una tonelada serían 333 MJ. Una quinta parte de la aportación calórica de una tonelada de peras. ¿Desde qué distancia es rentable traerla? ¿60 km máximo? Posiblemente es necesario cultivarlas a pie de edificio si queremos tener un balance de energía favorable. Hay que empezar a recuperar el cultivo periurbano, urbano, o incluso en el propio edificio de algunos alimentos. Hay que legislarlo bien, por supuesto, pero si nos preocupa la energía que se consume en el edificio no podemos dejar de lado a la energía verde de los alimentos.



Dejando de lado la energía marrón de los residuos, que no he podido calcular, si relaciono los consumos del resto de las energías en el plazo de vida útil de un edificio, 50 años, se ve que hay enormes diferencias. La energía negra del transporte y la gris de los materiales se elevan como las más poderosas. A continuación sobresale la energía blanca, la electricidad para los equipos y, ya lejos la verde, la azul y la roja. Es decir, la energía púrpura del acondicionamiento no es la más importante.



Pero lo más importante no es eso sino cómo se pueden reducir. Algunas se pueden reducir mucho y otras prácticamente nada.

Las energías rojas y púrpuras se pueden llevar prácticamente, mejor dicho, sin prácticamente, a cero.

Con buenos hábitos de transporte, la negra también se puede reducir. Hay alternativas.

La blanca también, si introducimos sistemas de producción de electricidad en el edificio. Incluso se puede decir que hasta donde queramos, es sólo una cuestión de inversión.

La azul puede también reducirse tratando y recuperando aguas, pero siempre nos hará falta agua potable. Ahí hay un límite.

La verde, a día de hoy, muy poco.

Y la gris a medio y largo plazo algo, pero poco en relación a lo que representan. Ahí es donde está la clave del auténtico edificio de energía cero, reducir la energía gris.


 

Cuando he dicho que la energía roja puede llegar a ser cero es porque pienso que pueden aprovecharse otros recursos energéticos generados en el propio edificio. Esto nos lleva al último punto de vista del planteamiento: los ciclos de material y energía.

Cuando hay tantas y diversas formas de energía que entran y salen del edificio, es fácil imaginar que haya relación entre ellas, y que algunas de esas relaciones sean sinérgicas, y que se pueda aprovechar esa relación para reducir el consumo y las pérdidas de energía y la eliminación de residuos y aguas sucias.




Las entradas de energía son convencionales (las señaladas en rojo) o renovables (las señaladas en amarillo). Son calor aportado por el sol para los colectores de ACS o para el acondicionamiento pasivo. Es la luz solar que los paneles fotovoltaicos convertirán en electricidad. Es energía convencional para el calor, el frío o la electricidad.

Las entradas de materia corresponden al agua potable, alimentos y materiales de construcción.

Las salidas son la energía que se pierden por la falta de aislamiento de los edificios y la ventilación, las aguas usadas o servidas y los residuos sólidos urbanos. Se trata de reducirlas haciendo casi adiabático el edificio, reduciendo las aguas como mucho a las negras y los residuos a los realmente no aprovechables.

Para ello hay que crear relaciones circulares entre todas esas entradas de materia y energía.

La energía roja solar del agua caliente sanitaria se relaciona con la entrada de agua potable. El agua, la que entra y la que se recicla se debe utilizar para el riego de los cultivos alimenticios y las superficies verdes de la envolvente y del entorno, que reducen las necesidades de la energía púrpura del acondicionamiento.

Los residuos de la energía verde, la del alimento, se convierten en la energía marrón de los residuos, que pueden convertirse en biomasa o biogás y, por tanto, en energía para complementar el acondicionamiento.

Los alimentos nos dan la energía suficiente como para poder montarnos en una bicicleta y reducir la energía negra del transporte, que a su vez también se reduce gracias a la energía blanca, electricidad solar, que aportan los paneles fotovoltaicos, que cargarían las baterías de los coches eléctricos.

Esa misma energía blanca también servirá para mover ventiladores, bombas y dispositivos domóticos que mejorarán los sistemas pasivos de acondicionamiento, la energía púrpura.

Finalmente, nuestro gran problema, la energía gris de los materiales, aquella que difícilmente se puede reducir, bien empleada, en forma de aislamientos y masa térmica, puede ayudar a llevar a cero la energía púrpura.

Es decir, el tema no es simple ni sencillo. Es de gran complejidad, pero si entendemos lo que entra y sale, y lo relacionamos adecuadamente, en algún momento, no sé cuándo, podremos llegar a hablar realmente de edificios de energía cero.

sábado, 4 de marzo de 2017

La ciudad sostenible y resiliente


La sostenibilidad es un concepto eco-biológico que habla del equilibrio entre una especie y los recursos de su entorno inmediato. Si se mantiene ese equilibrio la especie progresa, evoluciona o, al menos, sobrevive. Si se pierde ese equilibrio la especie desaparece. Eso ha ocurrido millones de veces con las especies vivas que han poblado la Tierra, que han sido sustituidas por otras más resilientes o con más suerte, que también hay que tenerla. El ser humano es una de esas especies en riesgo si se pierde el equilibrio. Como especie aún no hemos desaparecido, pero aldeas, tribus, comunidades o razas enteras, si lo han hecho por esa causa.

El entorno inmediato de los animales y vegetales es muy pequeño en general, pero para el hombre hoy en día es la superficie total del globo, y tal vez en el futuro lo sea incluso nuestro sistema solar. Pero mientras no podamos llegar tan lejos deberemos ser cuidadosos con la capacidad de recuperación de los recursos de esta gran isla que es la Tierra. Al igual que consideramos a las islas como ecosistemas delicados, la Tierra lo es también.

A lo largo de la existencia del planeta ha habido cinco grandes extinciones, con la desaparición de más de 70, 80 o incluso 90% de las especies vivas. En general no ha sido culpable el hombre sino fenómenos naturales, como la propia formación de la Tierra en la época de los volcanes, las sucesivas e inevitables glaciaciones que se han ido produciendo o el gran meteorito que cayó sobre el Yucatán y que mató a todos los dinosaurios al romperse la cadena trófica y desaparecer sus recursos alimenticios.

Hoy en día se dice que estamos camino de la sexta extinción. Tal vez sea una exageración, pero si somos capaces de leer los avisos que nos manda el planeta quizá no lo sea tanto. Las grandes extinciones siempre han venido precedidas de rápidos cambios en el hábitat a los que los seres vivos no han podido adaptarse por falta de tiempo; con tiempo todos los seres vivos evolucionan para adaptarse a un nuevo hábitat. Hoy en día los cambios que se están produciendo en nuestro hábitat se producen a un ritmo 10 veces superior al que hubo en las cinco extinciones anteriores. Luego es cierto que estamos en situación de riesgo y que debemos controlar los cambios y adaptarnos a una nueva situación.

¿Qué recursos están en riesgo? Para cualquier ser vivo los alimentos, el agua, el espacio físico con un aire limpio para desarrollarse, y los recursos materiales para cubrir sus necesidades de hábitat.

Desde la óptica de la arquitectura, nuestra responsabilidad está en esos recursos materiales para construir y energéticos para acondicionar y cubrir el resto de necesidades funcionales del edificio. En este aspecto la energía es menos problemática porque tenemos conocimientos y recursos tecnológicos para no agotarla: el diseño bioclimático y el uso de instalaciones de energías renovables. Sin embargo agotamos completamente los materiales que usamos para construir. El único material constructivo sostenible es la madera, pero no es el más adecuado en muchas partes del mundo, como es España, para aprovechar pasivamente los recursos renovables del clima. El agua es otra de nuestras responsabilidades porque los edificios en su construcción, materiales y sistemas, y en su uso, consumen gran cantidad de agua. El agua es una cantidad limitada y fija que con el aumento de la población toca a menos. También es el momento de empezar a preocuparnos de los alimentos y convertir a las ciudades, y por qué no a los edificios, en pequeños productores de recursos.

La resiliencia es la adaptación de un ser vivo, como nosotros, a un agente perturbador, la falta de recursos, o una situación adversa, como el cambio climático. Por esos deberíamos empezar a hablar de una arquitectura resiliente, capaz de adaptarse a las condiciones actuales. La arquitectura popular siempre fue resiliente, disponían de los recursos materiales de su entorno para construir y del clima para acondicionarse, logrando una perfecta adaptación, que va más allá de lo medioambiental para ser también social y cultural.

Ha habido arquitectura popular capaz de encontrar aislamiento térmico para conservar la energía que captaban o producían, como la turba en las casas islandesas, los techos de pasto en Noruega, el picón volcánico en Santorini o la totora en el Titicaca. Capaz de provocar la ventilación necesaria para crear espacios acogedores, como en los palafitos situados sobre las corrientes de agua, a través las fachadas permeables en los climas tropicales, gracias a las estructuras completamente diáfanas en planos verticales y horizontales de las casas japonesas, o con los inteligentes sistemas de ventilación de las torres de viento persas o las chimeneas térmicas por diferencia de altura de las casas cueva. Capaz de asegurar la protección solar que no falta en ningún clima que tenga una radiación excesiva, a veces con dispositivos, a veces simplemente eliminando los huecos al exterior u orientándolos correctamente.



Las construcciones de los uros sobre el Titicaca se adaptan al recurso local, la totora, para hacer con ella las islas, las casas y usarla como alimento y combustible.



La arquitectura bioclimática es la heredera de esa arquitectura popular. Por eso, aunque no le cambiemos el nombre, es claramente una arquitectura resiliente y, por tanto, sostenible.

Casi diría que el término resiliente es más adecuado que el de sostenible, ya que éste tiene una connotación de pasividad, de aguantar, de sostener, mientras que el término resiliente nos habla de adaptación y, por tanto, de evolución, la que no tuvieron los millones de especies que desaparecieron en el pasado.

La ciudad también tiene que ser resiliente al inevitable cambio climático. Quizá las ciudades son los entes más sensibles al cambio climático, porque si la temperatura del globo llega a subir unos 2 ºC a lo largo del siglo, como se prevé en algunos escenarios, las ciudades seguro que triplican la subida. La culpa la tendrán las superficies inorgánicas que acumulan el calor de la radiación solar, y la contaminación con gases de efecto invernadero que dificultará que ese calor acumulado se pueda disipar hacia la bóveda celeste. La insensatez de eliminar completamente la naturaleza de las urbes, salvo por elementos icónicos que nos hacen creer que tienen suficiente vegetación, y permitir fuentes de contaminación descontroladas, han convertido a las ciudades en islas de calor. Es necesario recuperar la vegetación en los suelo, aunque sean pequeñas manchas de verde repartidas por las calles que por su anchura lo permitan, en los techo y fachadas viables, ampliar los suelos permeables al máximo posible para recargar acuíferos y aportar enfriamiento evaporativo, usar suelos que absorban menos radiación solar y fomentar las zonas sombreadas.

Isla de Calor Urbana de Madrid realizada por el grupo de investigación ABIO, con diferencias de más de 10 ºC entre distintos puntos de la ciudad.


Pero es igualmente importante reducir los gases de efecto invernadero y el calor antropogénico fruto de la actividad humana en la ciudad. Esto último lo conseguiremos si rehabilitamos seriamente los edificios de forma que no precisen de refrigeración, de no ser así, el calor de las máquinas enfriadoras irá a la urbe, o de calefacción, para que no emitan gases contaminantes.


 

Fachada vegetal sobre el Museo del muelle Branly de Jean Nouvel en París, reduciendo el sobrecalentamiento del edificio y, por tanto, de la ciudad.



En cuanto a la primera cuestión, el mayor problema proviene de los coches y cocinas. Con el tiempo, la ciudad para ser saludable tiene que volverse eléctrica. Deberían hacerse políticas a largo plazo que exijan que en un periodo, por ejemplo de 20 años, todos los coches de residentes o cualquier otro vehículo que circule por la ciudad, sean eléctricos. Esto eliminaría esos gases que afectan a la isla de calor y, por supuesto, a la salud. Es posible pensar que en ese periodo de tiempo el parque automovilístico habrá tenido que renovarse, haciéndolo de una forma pausada. También las cocinas deben ser eléctricas, y cualquier otro uso contaminante.

Naturalmente esto tiene que venir acompañado de mediadas en paralelo, como  políticas de ayudas para la compra de nuevos coches, suficientes puntos de recarga o el desarrollo de nuevas tecnologías. ¿Tenemos suficiente producción eléctrica para suministrar energía a todos los coches si elimináramos los combustibles? Pues evidentemente ahora no, por tanto, debe haber también medidas a largo plazo en paralelo, como la producción eléctrica de fuentes renovables en la propia ciudad, para que puedan llevarse a cabo sin menoscabo económico para el usuario o la ciudad; cada edificio puede convertirse en un pequeño productor de energía eléctrica con la tecnología de la que hoy mismo disponemos.

¿Es posible mantener o mejorar la habitabilidad de los espacios públicos, la ciudad, o privados, los edificios, sin agotar recursos? Si es posible tiene que serlo a través de criterios de adaptación que aprovechen los recursos y que por tanto sean sostenibles.

viernes, 21 de octubre de 2016

La casa maya petrificada

Más del 60% de la población de Guatemala es indígena de origen maya. En los pueblos del interior, lejos de la capital, ese porcentaje aumenta hasta alcanzar casi el 100%. Por eso, si se quiere conocer la cultura maya y su arquitectura hay que empezar por Guatemala.

La cultura maya se extendió por un amplio territorio que iba desde el Yucatán mejicano hasta Guatemala, Honduras y El Salvador, pasando por Belice. Con esto quiero decir que aunque hay aspectos claramente comunes en la arquitectura popular desarrollada en ese amplio territorio, también hay diferencias.

Indudablemente los mayas fueron la civilización mesoamericana más importante de América Central, y eso se aprecia en su arquitectura noble, culta, la de los templos y los grandes asentamientos, realmente impresionantes. A diferencia de ello su arquitectura popular fue humilde y sencilla, con muchas similitudes con otras arquitecturas de pueblos vecinos y climas similares. Pero eso no quiere decir que no sea destacable o que no tenga valores bioclimáticos propios, porque los tiene.


Casa maya tradicional

El clima en Guatemala, a pesar de ser un país pequeño cambia bastante dentro de su propia monotonía. Las variaciones de altura hacen que cada 30 km haya un piso térmico distinto. Pero quizá la diferencia más significativa esté en la variedad de suelo que hay entre las zonas volcánicas cercanas a la capital y las de la selva. La parte del país en torno a los volcanes tiene un suelo fértil y es raro ver alguna parte del territorio sin cultivar. Los maizales abundan por doquier en las zonas planas, pero también en las muy inclinadas y abruptas, en terrenos grandes y en pequeñas explotaciones familiares. Sin embrago, la zona de la selva es un suelo calcáreo y pobre donde es difícil cultivar y es por eso un ecosistema delicado. Cuando se destruye parte de ese bosque tropical es difícil que se recupere a corto plazo. Como ejemplo puedo decir que el terreno dedicado a los cultivos, después de una cosecha debe estar 15 ó 20 años en barbecho para recuperar sus nutrientes.

Qué duda cabe que la selva es su gran riqueza. Guatemala viene de la palabra maya Quauhtlemallan, que quiere decir “lugar de árboles”; no puede ser más simbólico el nombre.

Antes de ver viviendas populares empecé por los sitios arqueológicos donde se asentaban las ciudades y en los que se conservan las ruinas de los templos, palacios y pirámides, pero en los que no quedan vestigios de las casas tradicionales. Lo que sí queda es la permanencia de sitio sagrado. El primero al que fui, discreto en comparación con los que vería a continuación, fue Iximché.


Sitio arqueológico de Iximché

En Iximché las pirámides no son demasiado altas ni espectaculares, pero tuve la fortuna de ver un rito tradicional. Estos espacios están muy protegidos pero los indígenas mayas tienen libertad para acceder a ellos para realizar sus ceremonias. Un grupo, en torno a un chamán, le escuchaba en lo que probablemente era un acto funerario. Quemaban comida, flores, bebidas alcohólicas y encendían pequeñas velas de colores. Su lenguaje es la lengua maya. Hay varios dialectos, dependiendo del lugar, pero según me dijeron las palabras importantes son las mismas y se entienden razonablemente bien entre ellos. Por supuesto, su segunda lengua, que aprenden en el colegio junto con el maya, es el castellano. Las ropas de esta gente también son las tradicionales. Cambian un poco entre pueblos y zonas, más en los hombres que en las mujeres, donde la única variación está en el color: una blusa bordada llamada güipil y una falda que es un corte de tela enrollada en la cintura.


Rituales maya en Iximché

Me parecía lógico pensar que si mantenían la tradición de la lengua, la vestimenta y los ritos, aunque su vida se hubiera modernizado, también se conservaran las viviendas tradicionales mayas. Sin embrago, en esta zona del país no existe la vivienda ligera que quería ver. Se trata de una zona moderadamente fría, donde no es necesaria la extrema ventilación precisa en las zonas situadas más al norte. Las temperaturas mínimas fluctúan a lo largo del año entre 10 y 15 ºC, y las máximas rara vez superarán los 30 ºC. Por eso las cubiertas no son las de palma que esperaba, ni los muros de bajareque, sino de tierra, que proporciona mayor protección ante el frío y que se comporta también bien en verano. Más adelante tendría ocasión de ver magníficos ejemplos de arquitectura colonial con adobe en Antigua.

Antigua, cuyo nombre completo es Antigua Guatemala, fue la capital hasta 1776, cuando se trasladó a la ciudad de Guatemala, la moderna, no la antigua, cuyo nombre original fue Nueva Guatemala de la Asunción. Se trasladó después de que un terremoto destruyera Antigua por tercera vez, pero esto no fue malo del todo porque la preservó de la presión inmobiliaria, del crecimiento incontrolado, y permitió que hoy en día conservemos la estructura y la imagen de la ciudad colonial que fue.

Durante la época de la colonia era conocida como la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala. Durante esa época se construyeron allí un sinfín de conventos que los sucesivos terremotos se encargaron de ir derrumbando. Hoy, salvo alguno recuperado para otro fin, como el hotelero, los demás son ruinas. Sin embrago las viviendas de adobe mantienen su estructura original en torno a un patio, con una planta alta con una galería que bordea ese patio. Dado el clima moderado y la abundancia de agua, estos patios son vergeles que aseguran una temperatura 3 ó 4 ºC más baja que en la calle. Como todas las dependencias dan a ese patio, las condiciones interiores del edificio son estupendas.


 
Patio de las viviendas coloniales de Antigua Guatemala. La vegetación, la sombra y la temperatura benigna los convierte gracias a sus cualidades bioclimáticas en un punto de tranquilidad, de reunión o de venta

La arquitectura colonial seguía unas reglas muy estrictas fijadas por las ordenanzas: un damero bien orientado con una precisa regulación de anchura de calles y altura de edificios. Así se aseguraba la ventilación y el soleamiento o la protección solar según el caso. Nuestro planeamiento urbano actual también debería pensar en ello.




Antigua es un mundo de ventanas. Todas son diferentes. Cada una de ellas tiene su detalle, la reja normalmente de hierro, pero a veces de madera, con un diseño diferenciador, la forma y proporciones, y el color. Las rejas y los adornos me recordaron inmediatamente a los pueblo andaluces, ¿funcionarán aquí igual de bien que en España?, estoy seguro de ello

Las edificaciones de Antigua usan en las ventanas la rejería tradicional que se puede ver en España, pero de todas las rejas las más llamativas y atractivas son las de las ventanas en esquina, algo muy propio de algunas ciudades coloniales en América, pero que no es habitual de la península. Estas ventanas en esquina permiten la visión de las bocacalles que llegan al cruce; ignoro la necesidad o el motivo exacto, pero lo que es cierto es que colocada en ese punto se aprovechan mejor los vientos, vengan en el sentido que vengan, asegurando la ventilación permanente que necesitan.



 De todas las ventanas, las más atractivas e interesantes son las de esquina. Además de permitir una visión más amplia de los accesos por las dos calles, ¿ayudaran a una mejor ventilación también?

Antigua es un ejemplo de que la arquitectura colonial funciona en regiones donde la humedad no es extrema. Mi opinión es que si no hubiera funcionado no existiría, habría desaparecido o se habría transformado radicalmente. Sin embargo hubo adaptación para mejorarla, conservando lo fundamental: muy cerrada al exterior, volcada al patio y con grandes muros de tierra revocados en blanco.

 Unas gigantescas chimeneas coronan las cubiertas de las casas de Antigua. Están colocadas encima de sus enormes cocinas para que salga el humo pero también para mover el aire fresco del patio por las dependencias del edificio. La diferencia de altura y la diferencia de presión consiguiente se encargan de ello

La adaptación de una arquitectura foránea, como la colonial, a un nuevo territorio era necesaria. Por ejemplo, en algunas iglesias se construye la “gallina ciega”, un doble muro que crea una cámara de aire, con huecos al exterior y una especie de balconada hacia el interior. Con este juego de aberturas se producía una ventilación de la iglesia con el aire fresco de la cámara.


Color y tranquila sencillez en las calles de Antigua

La casa colonial no usó la piedra empleada en los templos, sino que prefirió el uso del adobe, al igual que usa la casa maya el barro, porque ofrece mejor comportamiento térmico: mejor aislamiento, mayor estabilidad térmica, mayor regulación de la humedad y, como es lógico, era de más fácil ejecución. La cubierta siempre se hacía de teja, por hábito y por perdurabilidad. Sin embargo, a pesar de tener tantos elementos comunes con las construcciones tradicionales españolas, también tenían los aspectos constructivos y estructurales de adaptación a un nuevo lugar. Las armaduras de los techos estaban atadas en lugar de clavadas o macladas, para darles la elasticidad necesaria en los lugares sísmicos. Y dado que los muros de tierra son más endebles a los sismos que los indígenas de bajareque, los cuatro muros están unidos con una viga de madera, a modo de zuncho de atado para estabilizarlos en caso de terremoto. De nuevo la adaptación de una buena solución bioclimática a un entorno diferente al original.

Hoy en día la ciudad es Patrimonio de la Humanidad y eso ha hecho que se convierta en un reclamo turístico y que haya ayudado a que los edificios se mantengan, convirtiéndose en hoteles, restaurantes o tiendas, todos de calidad, sobre la estructura arquitectónica existente, conservándola y potenciándola.


La selva del Petén impresiona cuando se ve desde arriba, como en esta foto desde un templo, y emociona cuando se camina por ella

De esta zona de clima moderado fresco, volé a la región de Petén, en plena selva tropical. Nada más aterrizar en el aeropuerto de Flores sentí el cambio de clima. Flores está en una pequeña isla en uno de los lagos de la región. Se encuentra en la segunda selva tropical por extensión de América, tras la Amazonía. En décadas pasadas fue el asentamiento de mucha población que huía por temas políticos o económicos. Guatemala ha sido un país muy castigado por regímenes militares dictatoriales y por un estado policial.

Los desplazamientos de población hacia esta zona del Petén hizo necesaria la creación de nuevas aldeas y zonas de cultivo, para lo que fue precisa la tala y deforestación de amplias zonas de selva, con un daño ecológico inmenso. Hoy en día todo está muy reglado pero el daño ya es irreparable.

En la región de Petén hay poca agricultura, porque como he dicho los suelos son pobres. Son zonas básicamente ganaderas con pastizales explotadas en grandes fincas, frente a las pequeñas parcelas de la zona de Atitlán.

Sin embargo, las zonas donde hay aprovechamientos agrícolas tradicionalmente han seguido los principios de lo que hoy se conoce como permacultura, propiciando un ecosistema natural mediante la multiexplotación simultánea. Permacultura es un término acuñado por los australianos Bill Mollison y David Holmgren en 1978; es una contracción de “permanent agriculture”, en inglés. Es decir, a la vez que se cultiva el maíz, hay matas de frijoles, calabazas, papas y otras plantas compatibles, combinadas de una forma consciente. De este modo la actividad con la tierra era constante y los recursos obtenidos también permanentes. La tierra se autorregenera con esta actividad y en poco terreno se pueden conseguir grandes resultados, frente a los monocultivos. Los mayas fueron precursores de esta actividad muchos cientos de años antes de que se hablara de ella y se le diera nombre.

El clima había cambiado. Las temperaturas en estas zonas pueden llegar a los 37 ºC y la humedad relativa siempre es alta, 80…90%. Únicamente puede bajar hasta los 50 ó 60% al mediodía cuando suben las temperaturas. En esas condiciones la protección solar y la ventilación durante todo el día se convierten en las estrategias arquitectónicas de diseño imprescindibles. Aquí sí iba a encontrar las casas mayas tradicionales.


La choza tradicional

Aún quedan muchas de estas cabañas que no han cambiado significativamente en tres mil años, mucho antes de la llegada de Colón. Existen evidencias arqueológicas que ubican sus antecedentes en el Preclásico, entre el 2000 y el 250 a.C. De ese período se han encontrado restos de plantas de casas circoagonales muy semejantes a las  actuales en Uxmal, Chunchucmil y Chichen Itzá. La referencia más antigua que se ha encontrado de una vivienda maya está en Belice.

La vivienda popular maya es la cabaña ancestral típica de tantos pueblos de climas cálido-húmedos. Las paredes se apoyan en unos palos verticales que se hincan en la tierra, los horcones, denominados noh ocom.  Sobre esa estructura, los muros se constituyen por un emparrillado de bejucos, la denominación genérica que se da en el Caribe a las plantas trepadoras. A veces es una parrilla vertical, a veces una parrilla en diagonal. Normalmente tendrán un recubrimiento de barro pero en algunas pueden dejar el bejuco al aire para que ventile mejor. El recubrimiento se conoce como pac´lumm, y consiste en una mezcla de tierra roja, kankab, mojada con zacate picado, una herbácea decorativa, que al adherirse al tejido conforma una pared resistente. Este tipo de construcción de paredes se llama bajareque o bahareque en toda América.



Los muros de las casas maya a la larga se muestran constituidos de formas muy variadas, pero el original es de bajareque relleno de barro y recubierto. En estas tres fotos de tres casas distintas se ve bien su configuración


Este muro tiene un zócalo macizo sobre un pedestal de tierra pero la parte superior está abierta para facilitar la ventilación

Los muros se levantan sobre un pedestal de unos 20 cm de una tierra arenosa local apisonada, sascab en maya; de ese modo evitan la entrada de agua en la casa. El suelo se suele completar con un mortero de cal pulido; es la misma solución que usaban los mayas primitivos para hacer las grandes calzadas de acceso a las ciudades.


Vivienda con el muro recubierto de un mortero de cal y una poco habitual ventana

Algunas veces el arranque del muro está recubierto de piedra, a modo de zócalo para proteger el barro de la capilaridad del terreno. La verdad es que no vi ninguna vivienda con esa sofisticación. Aunque llegué a ver bastantes construcciones ninguna tenía esa base y ese zócalo.


Aquí se ve en parte la estructura del bajareque al aire para mejorar la ventilación con los bejucos colocados en diagonal

La planta de la cabaña es rectangular o en ocasiones parcialmente ovalada, circoagonal, con los lados cortos formando una curva y manteniendo los largos rectos. Esta es la forma histórica pero en la actualidad casi siempre con rectangulares. Este remate semicircular de los lados cortos seguramente se hacía para ofrecer menos resistencia los vientos huracanados propios de la zona. Aunque los vientos la llegaran a derribar, se podría volver a levantar en dos días.


Esta casa es de planta circoagonal. Se puede ver en la parte alta, donde se ha caído el revoco, el bajareque que hay debajo



Fachada y planta circoagonal de una casa maya

Sólo suelen tener un hueco, la puerta, que está colocada en el punto central de la pared larga. En ocasiones puede haber otra, enfrentada con la primera, en la otra pared, para facilitar la ventilación. Aunque los mayas son de poca estatura, la puerta es claramente baja, probablemente para que el visitante tenga necesidad de agachar la cabeza al entrar en un gesto de respeto.

 Ésta es una vivienda casi clásica de planta rectangular. La puerta no está perfectamente centrada pero es su único hueco y el bajareque no está bien protegido con un recubrimiento que se va cayendo

La cubierta es inclinada, de al menos 60º para asegurar un buen drenaje del agua de lluvia. En los extremos curvos adquiere un carácter de medio cono, completándose en el resto con dos planos inclinados que se juntan en la cumbrera. La cumbrera se pude resolver con palma doblada y cosida de lado a lado del faldón, al menos es así como lo vi en algunos sitios. Ahora es más habitual que lleven una pieza de chapa que solape ambos faldones.



La primera foto muestra el sistema tradicional con huano cosido de lado a lado. La segunda  foto muestra una cumbrera resuelta con una pieza metálica doblada

Los largueros sobre los que apoyan los palos de la cubierta son los pachna, los que forman la cubierta son los hunquiche y el de la cumbrera es el holna che.

El material de recubrimiento puede ser de zacate o más frecuentemente de huano (sabal japa), también llamado chiit en lengua maya. El huano es una palma de bajo porte propia del Yucatán, que tiene forma de abanico. Se atan varias hojas, haciendo un ramillete compacto, y se abren en tres partes para que las dos de los extremos queden por encima del palo en el que se sujetarán, quedando la parte central por abajo. El siguiente ramillete se arrima mucho al anterior, para que no entre agua, y así sucesivamente. Parte de la hoja que se coloca en el palo superior solapa sobre la de más abajo, pero nunca hay más de dos capas en ningún punto. En conjunto es muy ligera para que transpire, la mayor necesidad de una vivienda en un clima cálido húmedo. Un clima más frío habría necesitado de una capa más gruesa y pesada en la cubierta, para aislarla, como usan las pallozas en León y Galicia.

 En la foto se ve la forma como cuelga el huano, separada la hoja en tres fragmentos y haciendo pasar el central por detrás del palo de fijación



En estas fotos se ven ramilletes de huano recolectados a la espera de ser usados y la palma de la que se obtiene


En este caso la cubierta está resuelta con otro tipo de palma. Se ve como está atada en lugar de colgada


 Una familia puede usar simultáneamente una o dos cabañas, cuyo espacio interior es diáfano sin compartimentaciones. Sus dimensiones actuales son de 4 por 8 m aproximadamente. La anchura corresponde al tamaño de la hamaca donde duermen, que va de lado a lado colgada de los palos verticales de la estructura. No obstante, las más antiguas eran mucho más estrechas, con un banco de tierra o piedra donde se tumbaban a reposar; ese mismo tipo de banco se ve en las viviendas de piedra edificadas junto a los templos. La hamaca llegó a esta zona en el siglo XVII y con ella probablemente el cambio de dimensiones.

La mayor parte de las actividades de la familia se realizan fuera de las cabañas, en el exterior, junto a ellas; es una característica que siempre destaco de la arquitectura del clima cálido húmedo. Vi también algunas de estas casas en las que la cubierta cubría un porche, de modo que el muro se retranqueaba en al menos uno de los dos laterales estrechos.




Junto a  estas chozas se ven espacios exteriores de esparcimiento y actividades

Las chozas mayas deben estar construidas en zonas donde no las cubran los árboles, porque si fuera así no se secaría la cubierta tras la lluvia y se pudriría la hoja de palma.

Si no fuera por la dimensión, en este caso mucho más pequeña, el parecido con la ruka mapuche sería muy grande, pero hay una diferencia notable, la ruka se construye en una parte del territorio chileno fría, y no llega a resultar confortable en invierno, sin embargo, la cabaña maya responde plenamente a las exigencias bioclimáticas del clima centroamericano.

No cabe duda de que los españoles menospreciaron este tipo de construcciones por serles extrañas y por estar construidas de un modo humilde, pensando que la piedra era signo de grandeza y que la palma y las ramas era un signo de carencia de recursos. Lo cierto es que lo que había en esos materiales era el poso de generaciones y generaciones buscando la solución a la habitabilidad más adecuada. A pesar de pensar así debieron respetarlas porque aquí las tenemos, tal vez poco protegidas por las autoridades actuales, que prefieren ver en ellas antropología, etnología, historia, antes que a un hábitat adecuado, digno de ser estudiado para poder adaptarlo a las nuevas necesidades. En los programas gubernamentales mejicanos se las considera como espacios no habitables, no compatibles con criterios de calidad de vida, lo que tal vez sea cierto, pero tienen valores que deben ser percibidos para preservarlos y mantenerlos vivos.


 Dos modelos de casa maya reproducidas en el friso del Cuadrángulo de la Mojas de Uxmal sobre un fondo que recuerda el bajareque hecho con palos en diagonal


Hay evidencias de que las viviendas más primitivas tenían formas y proporciones muy parecidas a las actuales. Lo iba a poder ver en persona días después en los frisos del Cuadrángulo de las Monjas en Uxmal. También hay una representación interesante de las chozas en el fresco del templo de los Guerreros en Chichén Itzá, que es del 1150, aunque en este caso no lo pude visitar. En este último fresco se ve una modificación del modelo clásico de vivienda. Se trata de la misma vivienda pero con un muro transversal en el lado corto que deja un amplio porche sujeto con la estructura de madera de la casa; la había visto ya en algunos pueblos.


Fresco del templo de los Guerreros en Chichen Itzá con casas maya con porche

 En esta choza se ve en el lateral de la izquierda el porche que se ha formado retranqueando la pared final, creando un espacio exterior de esparcimiento, hamaca incluida

En los sitios arqueológicos mayas sólo persiste la obra duradera, la hecha en piedra. La construcción tradicional ha desaparecido, lógicamente. Sin embargo queda su huella. Como he comentado, la vivienda tradicional maya se levanta sobre un pequeño pedestal de tierra que evita que entre agua dentro. En esta idea se basaron las pirámides, que tenían un pedestal mucho mayor y de piedra. Sobre ese pedestal una casa maya tradicional. Lógicamente, como a todas las civilizaciones de toda las partes del mundo, quisieron hacerlo más alto e hicieron nuevas plataformas elevando la casa, que era el remate. Para hacer las nuevas plataformas tenían que ampliar la base y construían sobre la más antigua, y así sucesivamente; era una forma sostenible de aprovechar los materiales, una construcción dentro de una construcción reutilizando lo preexistente. Una especie de matrioska maya. El lugar de ubicación del templo no debía cambiar, y el nuevo debía erigirse sobre las ruinas del anterior, porque lo importante es el lugar, por la energía que detectaban en él, por sus posibles cualidades y beneficios.


En esta foto se ve una pirámide montada sobre la anterior, siguiendo fielmente su estructura


 
 Una reproducción de cómo estaría situada la casa maya de palma sobre una plataforma de piedra en Iximché y un templo con una construcción parcialmente de palma en Yaxhá que recuerda su uso más primitivo


Llegado el momento la construcción superior, donde se iban a realizar los ritos, también se hizo de piedra, pero conservando la imagen de la casa tradicional. Es fácil comprobarlo, en Yaxhá lo pude ver, pero sobre todo en Tikal.

 El Jaguar, el Templo I en Tikal con una casa maya petrificada como recinto sagrado situado en su cúspide y adornado con una crestería

La ciudad de Tikal, situada prácticamente en el centro geográfico del mundo maya, estaba perfectamente planificada. La ubicación de sus templos y palacios, sus avenidas y paseos, estaban pensados con tanta antelación que pudieron pasar decenas de años hasta que finalizaron las obras urbanas completas según la idea original. Incluso estaba planificada la recogida de las aguas de escorrentía de la totalidad de la ciudad, que acababan deslizándose hasta rellenar los depósitos que se formaban en las canteras abandonadas tras la extracción de las piedras usadas en la construcción; era un claro aprovechamiento de los espacios deteriorados con la cantera. Para ello había en la ciudad una intrincada red de canales que conectaban el sistema de desagüe de plazas y edificios entre sí con esos depósitos. También aprovechaban las aguas de escorrentía de las amplísimas vías de acceso, avenidas rectas y majestuosas de gran anchura, con acabados de cal endurecida que ayudaban a purificar el agua, y con pendientes y petos laterales que derivaban el agua hacia esos grandes depósitos; hoy en día siguen funcionado esas redes tras un somero proceso de mantenimiento.



Una de las grandes avenidas de acceso a la ciudad de Yaxhá en su estado actual y una recreación en donde se ve como situaban cerca los depósitos de recogida de agua


Foto del lateral de las avenidas que canalizaba el agua hacia unos canales que las llevaban a los depósitos

Había cuatro grandes avenidas que conectaban los templos. Se les dio el nombre de arqueólogos que trabajaron en las ruinas: Méndez, Maler, Tozzer y Maudslay. Entre los templos y las avenidas estarían las viviendas maya que acogieron en el periodo de esplendor, entre el 550 y el 950 d.C., a unas 10 000 personas. La precisión de las fechas se debe a lo bien datados que estaban todos los acontecimientos que acaecían en el mundo maya y que hoy en día podemos leer en sus estelas.

De esas construcciones hechas con materiales perecederos no quedan restos, pero la presencia de la casa maya es permanente, basta con mirar hacia arriba y ver el remate de los templos de piedra. Como he comentado, encima de las plataformas de los templos se construía el único recinto habitable del conjunto, ya que las pirámides son macizas, no hay espacios, ni cámaras en su interior. En ese recinto se realizaban los sacrificios o los ritos para los que se habría construido la pirámide. Al principio eran exactamente iguales a las construcciones tradicionales, perecederas, de palma y madera, pero luego se hicieron de piedra, a imagen y semejanza de las tradicionales. Si se mira a la parte superior del Templo I, el llamado Jaguar, se ve esa casa rematada y adornada por una enorme crestería para darle más empaque. Desde su cúspide se puede mirar al Templo II, que está enfrente, ahí se repite el modelo. Este modelo en piedra está cubierto con sus famosas bóvedas de saledizo, dejando un espacio realmente pequeño en el interior, como sería el de las propias casas tradicionales, lo que choca si los comparamos con la gigantesca pirámide maciza que hay debajo.

Más a lo lejos, perdidos en la jungla, se divisan los enormes Templos III y IV, éste último de 70 m, con igual remate de vivienda y crestería. Era evidente la importancia que tenía esa construcción en sus vidas, convertidas en santuarios a medio camino entre el cielo y la tierra, a los que sólo podían acceder sacerdotes y reyes; lo que quedaba debajo era un simple pero gigantesco zócalo para soportarlas.





Los Templos I, II y IV de la ciudad de Tikal, el Templo III está en restauración, todos ellos con casas tradicionales maya petrificadas. Que enorme importancia daban a estas humildes construcciones

Pude ver también en Tikal cómo se estaban rehabilitando las construcciones utilizando las técnicas originales. Pude ver los hornos tradicionales de preparación de cal. Realmente me pareció que estaban haciendo un trabajo magnífico.

En el entorno de Tikal vi muchos pueblos con las perecederas casas tradicionales, muy deterioradas todas. El mantenimiento no parece existir y cuando hay daño se procede a la sustitución del bajareque del muro por bloques de hormigón y de la cubierta de palma por placas de chapa onduladas, sin más. Algunas parecían que habían quedado para funciones secundarías, para sombrear el espacio exterior en el mejor de los casos, pero también para almacén o garaje.


Construcciones con zonas cubiertas para actividades exteriores

Desde Tikal me desplacé hacia la frontera de Méjico en coche. Parece mentira que la conexión entre los centros arqueológicos mayas más importantes de estos dos países sea un camino de tierra de 70 km lleno de baches y agujeros que hay que ir sorteando. En ese recorrido se tarda más de 4 horas.

Para llegar al estado de Chiapas, ya en Méjico, por esta parte del río hay que hacerlo en unas pequeñas embarcaciones a motor que cruzan de un lado a otro en un recorrido de casi 40 minutos, no porque el río sea muy ancho, que lo es, sino porque el puesto fronterizo mejicano no coincide con la zona de embarcaderos guatemalteca. Antes de pasar por la oficina de inmigración mejicana desembarcamos en el sitio arqueológico de Yaxchilán.

 

El río Usumacinta, frontera natural entre Guatemala y Méjico

Yaxchilán está en una península a la que sólo se puede acceder por el agua. Gracias a esta dificultad se ha librado de la masiva avalancha, no de visitantes, que también, sino de vendedores. Los vendedores de recuerdos, de reliquias, de reproducciones, fueron un auténtico drama en todas las visitas que hice en Méjico a partir de ese momento, tan diferente a como había sido en Guatemala; una pena.

La persona que nos guío por el recinto nos pudo hablar de todo lo que nos rodeaba, no solamente de los templos y de sus gobernantes, sino del gran prodigio natural que era aquella zona, el último reducto silvestre que visitaría.

También nos habló de los autosacrificios de los jerarcas, de la ofrenda de la propia sangre. Era necesario que los reyes dieran ejemplo de sacrificio al pueblo ofreciendo su sangre. Para ello era normal que se hicieran cortes y heridas. Vi una estela donde se aprecia a un rey atravesándose la lengua con una cuerda llena de espinas o puntas de cuchillo. Lo importante era que la ofrenda de sangre viniera acompañada de dolor. Después de esto se veía con normalidad que se le sacara el corazón a un prisionero, para ofrecérselo al Sol, o que se cortara la cabeza a otra víctima para que la sangre regara y alimentara a la Tierra.

 Yaxchilán, el último sitio maya en Méjico aún virgen

La gran ciudad de la zona es Palenque. Está en el centro de la región de Chiapas, y es uno de los sitios arqueológicos mayas fundamentales, pero también uno de los más masificados y vendidos al turismo. Mucha gente lo visita como parte del tour que han contratado, pero sin que sea el objetivo principal de su viaje, y por eso no muestran ningún interés especial, lo que genera un ambiente general de indiferencia. Está todo demasiado adaptado a los desplazamientos entre pirámides, flanqueados por ristras interminables de vendedores de artesanía y recuerdos, a diferencia de Guatemala donde todo era más auténtico.

 El Templo de la Inscripciones en Palenque. Bajo la pirámide de este templo se encuentra la tumba, con la famosa lápida, de rey Pacal. Es uno de los pocos casos en los que la pirámide es también un monumento funerario

Palenque fue uno de los primeros sitios arqueológicos mayas en ser explorado. Carlos III, estaba apasionado por las ruinas de Pompeya en su periodo como rey de Nápoles y de las dos Sicilias. Al ser nombrado rey de España sus intereses se volvieron hacia las ruinas mayas  y encargó a Antonio del Río que organizara una expedición a Palenque en 1787. Su hijo Carlos IV también encargó nuevas expediciones, el levantamiento de planos y el dibujo de las ruinas.

El sitio es espléndido a pesar de todo. La ingeniería y la arquitectura del sitio muestran una profunda originalidad, tanto en el diseño de los huecos de sus construcciones, como por la presencia de una torre de planta cuadrada, algo inclinada, que no tienen igual en el mundo maya.


La torre cuadrada de Palenque, una autentica originalidad arquitectónica dentro del mundo maya. No se sabe si era para aproximarse a los dioses para ser utilizada tomo torre vigía; yo me decanto por esto último

 Arcos de herradura, otra singularidad

Entre los huecos pude ver formas de herradura, anteriores a su presencia en la arquitectura de Eurasia, lo que habla, junto con la torre cuadrada, de la originalidad y la creatividad de sus arquitectos. Sin embargo no me parecieron tan interesantes ni originales las cubiertas que realizan con dos planos inclinados; allí están empeñados en resaltarlas. Te quieren hacen ver que no llevan piedra angular y que por esos son unos arcos extremadamente originales, pero no son arcos, a lo sumo se les puede denominar como falsas bóvedas por la impresión equívoca que producen. Son superficies planas que por aproximación se van acercando hacia el interior mientras se cohesionan por detrás con un hormigón de cal. Son, por tanto, paredes de hormigón macizas inclinadas que se van juntando sin llegar a tocarse. Cuando están muy próximas se cierran por arriba con una piedra, pero que no tienen ninguna función estructural, como es fácil de ver cuando se desprenden. Pero, ¿qué son en realidad estas cubiertas más que una petrificación de las cubiertas de huano de las chozas? ¿Es porque no quieren olvidar su origen, porque encuentran comodidad y serenidad en esas proporciones ancestrales o por algún complejo y oculto motivo?


En esta fálsa bóveda se ve el sistema constructivo: un encofrado perdido hecho con piedra que se cierra hacia el centro, macizado por encima con un hormigón de cal que sujeta todas las piedras. Como se ve, no hacen falta piedras de remate ya que no cumplen ninguna función estructural

Las habitaciones cubiertas con las falsas bóvedas maya son tan estrechas que podrían haberse cubierto simplemente con una losa plana. Sin embargo prefirieron hacerlo de esa manera para alcanzar más altura en el centro y, sobre todo, como decía antes, para mantener las proporciones del espacio tradicional, el de la vivienda de palma y bajareque pero realizado en esta ocasión con materiales imperecederos, como reclamaban las clases dirigentes.

 Las habitaciones de la clase dirigente hechas con piedra pero imitando el interior de las cabañas de palma


 Una cama de piedra bajo una falsa bóveda en una estrecha habitación, como serían las tradicionales, ocupándola de lado a lado


Imagen de las zonas residenciales, cercanas a los templos, todas ellas con falsas bóvedas de aproximación

 El deseo de recordar el espacio interior de la vivienda tradicional los llevó a emplear elementos propios de la  estructura de la cubierta de madera, el balo y el ka’aac. El balo es un tirante horizontal a la altura del arranque de la cubierta que une los palos inclinados, los toxche. El ka’aac cumple la misma función pero se sitúa media altura, también de lado a lado. Lógicamente en este tipo de falsa bóveda, que es completamente maciza, no tiene ninguna función estructural, pero sirven para recrear un espacio identificable históricamente




En las dos últimas fotos en Tikal se ven los palos que simulan el balo y el ka’aac. En la primera se ve una falsa bóveda donde el palo se ha destruido con el paso del tiempo, dejando la caja donde se asentaba, mostrando como no cumple con otra función más que decorativa



En estas fotos se ven los auténticos balo, en la parte inferior, y ka’aac, a media altura, atando la estructura

En los pueblos que hay a los lados de las carreteras se ven muchas casas tradicionales. Muchas están adosadas a otras construcciones más recientes, construidas con materiales y formas convencionales. Generalmente queda por delante la moderna y la tradicional aparece detrás. Aunque también vi muchas construcciones con aspecto tradicional pero absolutamente modernas.



En estas fotos se ven viviendas tradicionales junto a construcciones realizadas con la falsa sensación de modernidad que da la cubierta de chapa

El uso de la cubierta de huano es muy común hoy en día en esta parte de Méjico, pero en restaurantes, terrazas cubiertas y elementos de sombra en general, funcionando muy bien. Por tanto se mantiene el uso y la técnica, pero probablemente esté entrando en desuso en viviendas.



Algunos ejemplos de restaurantes con la cubierta de huano



En estas fotos edificios de diverso uso, no residencial, con la cubierta tradicional

Tras entrar en Méjico por el estado de Chiapas, hay que desplazarse hasta el de Yucatán para seguir el rastro maya.

El nombre original de Yucatán era Mayab, “poco ocupado”. Lo más curioso del nombre es que coincide con el del máster que yo dirijo en Madrid, máster en Medio Ambiente y Arquitectura Bioclimática; parece que estaba predestinado a buscar la arquitectura bioclimática del Mayab. Parece que Yucatán es simplemente un error lingüístico, ya que los españoles cuando llegaros a estas tierras preguntaron cuál era su nombre, a lo que contestaron los nativos yu ka t’an, literalmente “no te entiendo”; y así se quedó.

En el Yucatán a la vivienda maya se la denomina en lengua maya kaajtal, que quiere decir perteneciente a un pueblo, kaaj.

Leí que el gobierno mejicano considera a las viviendas tradicionales mayas de cubierta de palma como no habitables. Y puede que no lo sean realmente si están mal hechas o descuidadas. Pero ¿es más habitable una vivienda con una cubierta que se sobrecalienta, que no deja transpirar al edificio y que retumba como un tambor cuando llueve, que otra con una cubierta de un material local, transpirable y aislante, aunque con una vida limitada? No lo creo, mejor dicho, estoy seguro de que no lo es. Puede haber otras casas más habitables, sin duda, pero no lo son las de bloque hormigón y chapa metálica.


A la derecha se ve una casa tradicional con unos muros de celosía pero con la cubierta de chapa. A la izquierda la otra choza de la familia pero está conservando la cubierta original. ¿Realmente es mejor la chapa?

La recogida de agua siempre ha sido un objetivo básico para la subsistencia. A pesar de que llueva regularmente hay que recogerla y, hoy en día, que los edificios lo hagan se ha convertido en una práctica claramente sostenible. Los mayas no sólo usaban los cenotes, abastecidos de forma natural por las aguas subterráneas, o las antiguas canteras para rellenarlas con el agua de escorrentía de la ciudad o las vías de acceso, sino que también usaban dispositivos como el chultun, que es una pequeña cisterna colocada debajo de una superficie en forma de embudo.



Imágenes del chultun que hay en Uxmal

Dejando de lado el agua y volviendo a las ciudades mayas, en ellas se mezclan dos tipos de estructuras urbanas, la de la vivienda indígena, perecedera, organizada de forma irregular en torno a los edificios ceremoniales, y la de las construcciones de piedra, las pirámides y el resto de edificios religiosos, administrativos o para la élite. Estos edificios estaban planificados con gran precisión incluso para desarrollos que durarían muchos años, todo ello con la intención de impresionar al pueblo llano. Las viviendas en ocasiones podía formar pequeños agrupaciones entre los templos, junto a las avenidas, pero la mayor parte de las veces eran edificios aislados, como lo son hoy en día.

Para hacer más impresionantes a las grandes pirámides y otras construcciones en piedra de las ciudades mayas, en ocasiones se rematan con una enorme crestería. Al verlas por primera vez pensé que tendrían alguna utilidad, tal vez para ayudar a ventilar, pero no, era sólo para hacerlas más imponentes, como quien se pone un tocado para parecer más alto. La base sobre la que se levanta el edificio son los tacones que también sirven para impresionar.



Cresterías en “El palomar” en Uxmal; no hace falta explicar el porqué del nombre

Sin embargo, como fui apreciando en el viaje y he ido comentando, a pesar de la monumentalidad de las construcciones en piedra, en ningún momento olvidaron su humilde origen vegetal. Es verdad que en ocasiones querrían darles mayor relevancia a alguna de esas cabañas, por ser la de un gerifalte o porque se iba a utilizar para una ceremonia, y para ello se levantaba una base de piedra, el arranque de una pirámide, para colocar encima la choza. Y en Tikal había comprobado también como las cabañas acabaron siendo de piedra y de un tamaño algo superior a la choza original, aunque siempre manteniendo las proporciones.


En esta imagen de la plaza formada por los Templos I y II en Tikal se puede observar cómo se verían en el suelo las construcciones vegetales y como encima del templo había otra, la más importante, la utilizada para el rito, pero de piedra y con cresta

Además, por fin, iba a tener la oportunidad de ver como la imagen de la cabaña representada como un elemento decorativo en las propias construcciones en piedra. Puede que estuvieran representadas en muchas más de las que han perdurado, pero como el acabado era un revoco pintado, el tiempo lo ha destruido y casi no quedan restos. Salvo en las construcciones realizadas en estilo puuc, en las que las decoraciones son bajorrelieves en piedra. El mejor ejemplo está en el Cuadrángulo de las Monjas en Uxmal, donde la decoración representa diferentes modelos de viviendas mayas.



 Resulta impresionante ver en el Cuadrángulo de la Mojas de Uxmal la suma importancia que se da a la representación de las casas mayas tradicionales. Gracias a estas imágenes sabemos lo primitivas que son y como han conservado hasta hoy en día su forma y proporciones. Los modelos representados, aunque todos son diferentes, son siempre la casa maya petrificada

En las construcciones según el arte puuc también se pueden ver decoraciones en las paredes que recuerdan a la estructura del bajareque, en ocasiones formando mallas ortogonales y perpendiculares al suelo, en ocasiones con mallas inclinadas 45º, las dos formas típicas de usar los palos de madera en la viviendas tradicionales. No me cabe duda de que la vivienda primitiva y sus técnicas constructivas dejaron huella en las más sofisticadas obras de arquitectura del mundo maya.



Construcciones en Uxmal con decoración de palos verticales a modo de balaustre, como en el Templo de las Tortugas. Junto a estas representaciones el uso original en una casa maya




En estas obras también en Uxmal se ven decoraciones con celosías, las mismas que se usan en los muros tradicionales y que se pueden ver cuando no están recubiertos

La última ciudad maya que visité fue Chichén Itzá, una auténtica maravilla, pero también repleta de vendedores, como casi todas las que estaba visitando en Méjico.

Me hubiera gustado poder entrar al Caracol, el edificio observatorio que los mayas construyeron en Chichén para ver de primera mano como hacían las observaciones y mediciones astronómicas que les permitían conocer momentos clave del año, pero no se podía visitar. Además de su claro interés astronómico, el edificio ofrece una gran singularidad formal con el entorno, similar a la de la torre de Uxmal, ya que es circular con tres círculos concéntricos en su interior separados por auténticas bóvedas de anillo; una rareza. Los huecos en los diferentes anillos marcan la posición del sol o la luna en los momentos clave para una cultura agrícola como la maya. Es probablemente la obra arquitectónica de observación astronómica más importune hecha por el hombre hasta nuestros días.


El Caracol de Chichén Itzá

Pero no importa que no se pudieran visitar muchos de esos edificios por dentro, porque en Chichén Itzá las primeras construcciones que se hicieron también estaba realizado según las normas del arte puuc y eso daba un interés especial al exterior de  todos sus edificios. Algunas de esas construcciones eran auténticas casas maya de piedra, concretamente un anexo que flanquea la Casa de las Monjas. Más adelante los conquistadores venidos del centro de Méjico, los toltecas y luego los chichimecas, influyeron en las obras posteriores.

 Una choza maya de piedra junto a la Casa de las Monjas

La construcción central de la ciudad es la pirámide del Castillo, o templo de Kukulkán, por la que sube la serpiente de luz en los equinoccios, y bajo la que se ha descubierto muy recientemente que hay un gran cenote. Pero debajo no sólo hay un cenote, sino otra pirámide intacta, más bajita que sirvió de apoya a la exterior. A eso se llama rehabilitación o reutilización a lo grande.

 Pirámide del Castillo

A mí me había impresionado más Tikal pero reconozco la importancia de Chichen Itzá, tal vez porque corresponda al periodo clásico final de la cultura maya o tal vez por su carácter fronterizo y lo que supone esa situación de mestizaje cultural con otras gentes, toltecas y chichimecas.

Las variaciones constructivas en las viviendas mayas que he ido describiendo corresponden muchas veces a la disponibilidad del material local y en otras a matices microclimáticos. Por ejemplo, más al sur de la región maya prevalecen las casas con muros estructurados con el bejuco y recubiertos, como un bajareque, por dentro y por fuera con el mortero de barro, a veces reforzado para evitar fisuras, con zacate. Es una solución que regula bien las pequeñas variaciones de temperatura y absorbe los excesos de humedad. El material de la cubierta es el huano.

 Muro de bajareque donde se ha desprendido parte del recubrimiento y se pueden ver los bejucos

Hacia el este, los muros no suelen llevar recubrimiento, lo que los hace más transpirables y favorece la ventilación cruzada.


 En estas chozas la parte del muro es de celosía sin recubrir para facilitar la ventilación

En la costa del Yucatán algunas casas utilizan como cubierta un zacate de playa duro, tosco y resistente que crece en zonas salinas. Al ser zonas muy húmedas necesitan de nuevo del muro de barro para absorber parte de esa humedad. Generalmente están encaladas para evitar los insectos en el interior de la estructura del muro.


Casas con el muro encalado

Como he comentado, en la actualidad está extendido el uso de la cubierta vegetal tradicional en muchas edificaciones comerciales, como restaurantes o tiendas, o establecimientos turísticos, todas ellas muy bien realizadas, en muy buen estado y con formas y tamaños que trascienden de las de la casa maya. Sin embargo, las auténticas casas indígenas están en mal estado; las que conservan la esencia original carecen de mantenimiento, no tienen recubrimiento o se ha caído y están en mal estado general. Pero en verdad hay muchas en uso aún en estas zonas.



Construcciones turísticas con techo de palma

La cultura maya, y con ella sus ciudades, duró desde el comienzo de nuestra era hasta el siglo X, un periodo amplio si lo comparamos con los menos de 100 años de los incas, pero corto si lo medimos con las obras que realizaron. Incluso antes, hacia el año 800 sus ciudades ya entran en decadencia para ser abandonas poco a poco. ¿Por qué?, no se sabe, pudo haber cambios en el clima que hicieran fracasar la cosechas y provocaran carencia de alimentos, tal vez enfermedades, pero también pudo ser una decadencia política de sus jerarcas absolutistas o de una sociedad que en esos siglos evolucionó poco en temas tecnológicos; nunca llegaron a conocer, o usar, la rueda, o el torno de alfarero, ni hicieron un uso amplio de metales.

¿Y qué se puede decir de las viviendas tradicionales?, ¿por qué están desapareciendo? En primer lugar porque la gente considera que otros materiales les dan más prestigio. En segundo lugar por el mismo motivo por el que han ido desapareciendo este tipo de casas de madera y techo de paja en otras partes del mundo, como en Japón, por los incendios. Aunque a diferencia de Japón, aquí se cocina fuera y no hace falta fuego para la calefacción, según me comentó un guatemalteco el incendio es la causa principal. Cuando hay fuegos artificiales en las fiestas patronales el riesgo aumenta porque pueden caer los cohetes sobre el huano. Otro problema que genera la cubierta es que puede ser cobijo de alimañas, ya que a diferencia de otras cubiertas de paja densa, la casa japonesa de Tokoyama o las pallozas de los Ancares, que no permiten la entrada de animales, aquí es una capa ligera para facilitar la ventilación llena de un espacio propicio para cualquier anidamiento.


La evolución de estas casas, que en su momento se produjo, ha quedado detenida en el tiempo. No sería muy complicado el diseño de nuevas casas con la misma esencia que las originales pero con menos problemas que  los que tienen hoy en día, para lo que sería necesario el apoyo gubernamental. Con ello probablemente no se olvidara tampoco la arquitectura popular maya, allí donde no se han perdidos las tradiciones, los ritos y el idioma.